De Houston a Haines
Antes de establecer su hogar en Haines, Alaska, Jess Gutiérrez vivía en Houston, Texas, donde fue testigo de primera mano de la devastación causada por el huracán Harvey. Aquella experiencia cambió el rumbo de su vida.Desde hace siete años, Gutiérrez trabaja con Team Rubicon, una organización sin fines de lucro que moviliza a veteranos militares para responder a desastres naturales en distintas partes del mundo. Team Rubicon ofrece a los veteranos la oportunidad de seguir sirviendo a sus comunidades después de dejar el servicio militar, al tiempo que ayuda a las familias a recuperarse de situaciones de desastre.
“Empecé porque vivía en Houston cuando golpeó el huracán Harvey”, recordó Gutiérrez. “Afectó a muchos de mis vecinos. Yo era parte de esas comunidades, así que poder capacitarme, desarrollar habilidades y regresar a mi propia ciudad para ayudar a reconstruirla fue algo enorme para mí”. Después del Harvey, Gutiérrez participó en labores de reconstrucción en Florida, Puerto Rico, Montana y Oklahoma. En 2021, llegó a Haines como parte de un equipo de 13 trabajadores de la construcción provenientes de Houston para ayudar a rehabilitar las viviendas destruidas por los devastadores deslaves que afectaron a la comunidad. “Era mi primera vez en Alaska”, cuenta. “Venir aquí para ayudar a reconstruir después de los deslaves fue increíblemente significativo”. Lo que comenzó como una misión temporal pronto se convirtió en algo mucho más permanente.“Me quedé maravillada”, dijo. “No solo por la belleza del lugar —de verdad nunca me canso de verla—, sino también por la comunidad”. Como mexicoamericana, Gutiérrez se sintió bienvenida desde el primer momento. Muy pronto entabló estrechas amistades con integrantes de la comunidad Tlingit. Estos vínculos le recuerdan su infancia, cuando creció rodeada de una familia mexicana numerosa. “Me encanta pasar tiempo con ellos. Todos se ríen. Me recuerdan a mi familia. Cuando era niña siempre estábamos juntos. A veces ni siquiera sabías si alguien era tu primo o tu tío; simplemente sabías que era parte de la familia”. La vida en Haines también le ha permitido reconectarse con tradiciones que prácticamente habían desaparecido de su vida cuando vivía en la ciudad.Uno de los cambios más importantes ha sido cultivar una gran parte de sus alimentos.“La seguridad alimentaria siempre ha sido importante en mi familia”, explicó. “Aquí cultivamos papas, cebollas, ajo, coliflor, brócoli, tomates, cilantro… de todo. Ponemos las plantas a germinar dentro de casa y, cuando se derrite la nieve, las trasplantamos al exterior”. Su interés por la horticultura va mucho más allá de producir verduras frescas. Esta práctica refleja los valores que heredó de sus padres, quienes siempre la alentaron a ser autosuficiente. “Siempre me decían: ‘Aprende carpintería, mecánica, electricidad. Puede que no siempre tengas dinero para pagarle a alguien, así que aprende a hacerlo tú misma’”. Hoy esas habilidades le permiten ayudar a otras personas de la comunidad. En la actualidad, Gutiérrez apoya a una mujer que recién quedó sola y tiene una propiedad de 37 acres.“La ayudo a remover nieve, reparar vehículos y a cuidar los jardines de cultivo”, cuenta Gutiérrez. “Al mismo tiempo, ella me ayuda cada día”. Como veterana militar que sirvió en Irak y Afganistán, Gutiérrez afirma que Haines también le ha dado algo que nunca imaginó encontrar: paz. “El ritmo de vida aquí es mucho más tranquilo”, dice. Luego ríe al señalar que aún se encuentra con ciertos peligros. “Ahora son los osos y los alces”, comenta entre risas. “Cuando los veo, simplemente los dejo en paz y no hay problema”. Vivir rodeada de naturaleza ha aliviado el estrés acumulado tras años de servicio militar y del trajín de la gran ciudad. En cuanto al futuro, Gutiérrez espera seguir construyendo la vida que ha encontrado en el sureste de Alaska: una vida centrada en la comunidad, la autosuficiencia y el servicio. “Esto es lo que quiero”, dijo. “No quiero depender del supermercado. Esto era lo que sabían hacer mis abuelos. Es más saludable, tiene sentido y sirve para construir un verdadero hogar”. Para Gutiérrez, el viaje comenzó con la reconstrucción de viviendas destruidas por los deslaves y la llevó a edificar algo propio: un sentido de pertenencia en la pequeña comunidad de Haines, Alaska, donde finalmente encontró la paz que durante tanto tiempo había buscado. Este artículo fue posible gracias a una beca de la 2025 ACEJ: Alaska Arts Reporting Initiative, a través de la Alaska Community Foundation. |