El camino al Mundial de futbol se complica
Los retrasos en la financiación federal y la incertidumbre sobre la aplicación de las leyes migratorias generan dudas mientras EE. UU. se prepara para un escenario global.Con la final de la Copa Mundial de la FIFA de 2026 programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium en East Rutherford, Estados Unidos se acerca a un momento clave dentro del evento conjunto planificado con México y Canadá. Once ciudades anfitrionas se preparan para un torneo que se espera atraiga a cientos de miles de visitantes por partido. Sin embargo, han surgido dos desafíos centrales: la incertidumbre financiera y las preocupaciones relacionadas con la aplicación de las leyes migratorias.
El Congreso de Estados Unidos aprobó 625 millones de dólares para apoyar a las ciudades sede en su preparación ante las exigencias de un torneo de esta magnitud. Los fondos están destinados a cubrir seguridad, gestión de multitudes y grandes eventos para aficionados comparables en complejidad a un Super Bowl. Sin embargo, a meses del inicio, ese dinero aún no ha sido distribuido. Funcionarios locales señalan que el retraso está afectando cronogramas críticos. En Miami, por ejemplo, organizadores advirtieron que un importante festival de aficionados podría cancelarse sin apoyo oportuno. En Kansas City, líderes de las fuerzas del orden han señalado brechas de financiamiento como un obstáculo para finalizar los planes de seguridad. Al mismo tiempo, la estructura financiera de albergar el Mundial ha generado escrutinio. Las ciudades asumen costos significativos, incluidos ajustes en estadios, operaciones de seguridad y programación para aficionados. Según ProPublica, los acuerdos entre la FIFA y las ciudades sede dejan a los gobiernos locales cubriendo gran parte de los gastos mientras limitan su acceso a fuentes clave de ingresos como la venta de entradas, concesiones y patrocinios. Experiencias previas con grandes eventos deportivos sugieren que los retornos económicos proyectados pueden ser difíciles de verificar. Un análisis en Texas tras el Super Bowl de 2017 encontró que no estaba claro si la inversión pública logró equilibrarse, lo que ilustra los desafíos de medir el impacto económico real. Economistas señalan que las proyecciones asociadas a eventos globales suelen basarse en supuestos sobre gasto de visitantes y crecimiento del turismo que pueden no concretarse completamente. Indicadores tempranos, como variaciones en los precios de hoteles, sugieren que las estimaciones de demanda siguen siendo cambiantes. Para las ciudades, el equilibrio entre costos y beneficios a largo plazo sigue siendo una incógnita. A las preocupaciones financieras se suma la incertidumbre sobre el papel del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que introduce otra capa de complejidad. Funcionarios federales han descrito a ICE como parte del marco general de seguridad del torneo, pero no han aclarado el alcance de su presencia alrededor de las sedes. Esta ambigüedad ha llamado la atención de grupos de la sociedad civil y observadores internacionales, algunos de los cuales advierten que podría afectar la asistencia. Además, varios países han emitido advertencias de viaje. Esto, sumado a las preocupaciones de organizaciones de defensa, refleja una sensibilidad más amplia entre comunidades migrantes y visitantes internacionales. Para algunos, la cuestión central radica en la falta de claridad en torno al evento. El Mundial ofrece una oportunidad poco frecuente para proyectar a Estados Unidos en el escenario global. Cumplir con esa promesa dependerá de resolver los desafíos prácticos que hoy marcan el camino hacia el inicio del torneo. |