Entre dos mundos: cómo los Minor construyeron una vida latina en la Alaska rural
En Haines, donde los latinos son apenas el 4% de la población, la familia Minor encontró un nuevo hogar tras mudarse desde California por una inesperada oportunidad en Gold Rush: White Water. Hoy, Teresa conecta a turistas hispanohablantes con Alaska mientras mantiene vivas sus raíces mexicanas.El Distrito de Haines, en el sureste de Alaska, tiene poco más de 2,100 residentes. El 4 por ciento de ellos se identifica como latino; es decir, en Haines hay aproximadamente 84 personas cuyas raíces se extienden hasta América Latina. Podrían caber todos en una sala relativamente grande. La familia Minor es parte de este grupo.
Su historia en Alaska comenzó hace nueve años. Teresa y Carlos Minor vivían en Salinas, California. Teresa trabajaba en Costco, mientras que Carlos, un antiguo miembro de la Marina de los Estados Unidos, trabajaba como buzo comercial soldando tuberías petroleras submarinas en distintas partes del mundo. Después de años de dedicarse a esta profesión tan demandante como peligrosa quería probar algo diferente. Un día, Carlos se topó con una oportunidad: una productora británica buscaba buzos para un proyecto televisivo. Ni Teresa ni Carlos tenían idea de qué implicaba el trabajo. “Lo iban a entrevistar por Zoom,” recordó Teresa. En ese momento, la familia no tenía internet en casa, así que se estacionaron en un Starbucks y usaron el Wi-Fi del lugar para la entrevista. Al principio, la oportunidad parecía incierta, casi irreal. La compañía estaba vinculada a una serie de Discovery Channel, y la posibilidad de ser seleccionado parecía remota. Pero después de un largo proceso, Carlos recibió la llamada que esperaban: los productores lo querían en Haines, Alaska. “¿Alaska? ¿Qué vas a hacer en Alaska?” Teresa recuerda haberle preguntado. Carlos explicó que formaría parte de un reality show en el que los participantes buceaban en busca de oro en ríos remotos. Poco después, se mudó a Haines para unirse a la primera temporada de Gold Rush: White Water. Ninguno de los dos imaginó los cambios que esta decisión traería. Carlos quedó impactado por el paisaje. Desde Alaska, llamaba a casa con entusiasmo creciente. “Tienes que venir,” le decía a Teresa. Esto “es como de sueño.” Finalmente, Teresa viajó al norte con uno de sus hijos. Durante esa visita de dos semanas, pudo mirar el pueblo a través del mismo lente que Carlos. Pero lo que a ella más le marcó no fue el paisaje, sino la forma de vida. Aquí “la gente es muy sencilla,” dijo. “No les importa la moda; no es tanto lo físico. Es más lo natural—cómo vives, cómo las personas se tratan entre sí.”Cuando regresó, Carlos le preguntó: “¿Te quieres venir a vivir aquí?” Su respuesta fue un simple sí. Mudarse a Haines requirió muchos ajustes. Como otros recién llegados a Alaska, los Minor aprendieron a vivir con calefacción en su casa, a conducir en la nieve y a soportar los largos inviernos. Pero se toparon también con un desafío que ni siquiera imaginaban: la comida. “Tienes que tener mucho cuidado de no desperdiciar comida porque todo es muy caro,” explicó Teresa. “Tuve que aprender a cocinar diferente y a congelar alimentos. En California éramos bendecidos con frutas y verduras. Aquí disfrutas cada fresa, porque una pequeña caja puede costar ocho o nueve dólares.” Con el tiempo, los Minor han encontrado maneras de compartir su cultura en Haines. Para una recaudación de fondos con motivo del Día de la Independencia, por ejemplo, Teresa preparó aguas frescas—horchata y jamaica—que se vendieron rápidamente. ¿Quién habría imaginado que una celebración del 4 de Julio en un pequeño pueblo de Alaska podría financiarse, al menos en parte, con aguas frescas mexicanas? El español rara vez se escucha en Haines, pero Teresa se ha asegurado de que sus hijos lo hablen. Sus habilidades bilingües recientemente le consiguieron un trabajo en el Visitor Center del pueblo. Cada verano, más de 100,000 pasajeros de cruceros llegan a Haines a bordo de líneas como Holland America y Royal Caribbean. Los turistas suelen desembarcar en el muelle de Port Chilkoot, a pocos minutos del centro. En el Visitor Center, Teresa ayuda a los viajeros a descubrir Haines. “Hay una curiosidad creciente sobre Alaska de gente hispana,” dijo. “Tenemos visitantes de España, México, Argentina—es maravilloso.” Este verano, el trabajo de Teresa es servir como puente entre dos mundos: el pequeño pueblo de Alaska donde ahora vive y los viajeros hispanohablantes que pasan por él. Este artículo fue posible gracias a una beca de la 2025 ACEJ: Alaska Arts Reporting Initiative, a través de la Alaska Community Foundation. |