La gratitud es la memoria del corazón por israel portilla gómez
“La gratitud es la memoria del corazón» es una frase del obispo francés del siglo XVIII Jean-Baptiste Massieu. Sin duda alguna, todos tenemos momentos de gratitud. Y hoy quisiera que nos uniéramos en gratitud por dos motivos: a todas las personas que nos han dado la mano sin conocerlas y a la madre naturaleza. Muchas veces no somos conscientes de ello, y quiero contar dos breves experiencias personales.
Primera. El año pasado fue la primera vez que pudimos ir a pescar con red en Alaska, y fuimos a Kasilof por la tarde-noche. Por ser primerizos, no contábamos con todo el equipamiento adecuado. Mi hijo de 9 años estaba muy emocionado y decidido a pescar; sin embargo, el agua estaba fría y no llevaba guantes. Sentía sus manos congeladas y me habló en español, diciendo que, tras varias horas, tenía mucho frío en ellas. Yo ofrecí relevarlo con la red en el agua, pero él prefirió seguir. Cerca de nosotros, una señora se dio cuenta y, sin preguntarle nada, fue y trajo unos guantes y se los dio a mi hijo. Le pregunté cuánto costaban, pero dijo que nada. Mi hijo pudo seguir pescando cómodamente con esos guantes, y este año que los volvimos a usar, me acordé gratamente de ella. No sé su nombre, pero recuerdo su cara y generosidad.
La segunda: este año fuimos a pescar con red a Kenai el 28 de julio. Estuvimos 7 horas sumergidos en el agua fría, con un poco de viento, y solo pescamos 5 salmones. La mayoría de las personas estaban decepcionadas, porque el año pasado en ese tiempo perfectamente se hubiese alcanzado el límite de cada familia. Al regresar a Anchorage, alguien me comentó que la pesca en Fish Creek estaba mejor. No había ido antes a ese lugar y no conocía a nadie que fuera a ir. Pero me animé, junto con mi hijo, a ir el 30 de julio. Nos despertamos a las 4 de la mañana y viajamos allí para estar listos a las 6 am cuando se podía pescar. La marea alta era la 8:18 am, así que se supone el mejor tiempo para pescar comienza desde dos horas antes. Estuvimos allí a tiempo en la pequeña quebrada. Eran las 7:30 am y no habíamos pescado nada, pero las personas a nuestro alrededor sí lo habían hecho. Mi hijo estaba alrededor frustrado, pero yo le dije de lo importante que era ser paciente y resiliente.
Alguien que estuvo al frente de nosotros, y era consciente de nuestra situación, alcanzó su límite y nos ofreció su sitio. Desde ese momento hasta las 9 de la mañana, pescamos 40 salmones; incluso en una ocasión la red capturó 7 peces. Alrededor de las 8 am la ola de peces subiendo el río era tan grande, que todos los que estaban allí agarraban. La algarabía y alegría eran contagiosas, se escuchaban risas y gritos de júbilo. Yo estaba casi incrédulo de que la pesca pudiera ser así. Nuevamente agradecido aquella persona por su generosidad de ofrecer su lugar, y principalmente agradecido por la abundancia de la naturaleza por ofrecernos comida para todo el siguiente año.
Estimad@s amig@s, hoy les invito a elevar una oración de agradecimiento al Dios de la vida, desde nuestro corazón, a todas las personas que nos han ayudado desinteresadamente y a nuestra madre naturaleza, por bendecirnos con su abundancia y belleza. Amén.
Rev. Israel Portilla-Gómez es rector asociado en St. Mary’s Episcopal Church. 2222 E Tudor Rd, Anchorage, AK 99507. [email protected]. (907) 563-3341. Ext. 13.