La seguridad pública requiere confianza con el público
En el clima politico actual, las autoridades locales deben ofrecer mayor claridad para evitar el miedo y la desconfianza en las comunidades, especialmente entre los latinos.En Anchorage, más de cien personas fueron arrestadas la semana pasada en una amplia operación policial conjunta conocida como Operación Calor de Verano. Las cifras son impactantes: 103 arrestos, 143 paradas de tráfico y cientos de gramos de drogas ilegales incautadas. Sobre el papel, parece un golpe contundente contra el crimen. Pero en la práctica, la operación dejó a muchos residentes, especialmente a los de comunidades latinas, con más preguntas que respuestas y una creciente inquietud que rápidamente se propagó por las redes sociales.
El uso de agentes enmascarados en estas operaciones puede ser un protocolo estándar para unidades tácticas, pero en el clima político actual no se percibe como algo rutinario. En un momento en que estas operaciones se asocian cada vez más, con razón o sin ella, con deportaciones, vigilancia y temores crecientes de perfilamiento racial en la comunidad latina, la percepción importa. También importa la comunicación. Cuando los residentes, especialmente en la comunidad latina, ven a agentes enmascarados realizando arrestos en sus vecindarios sin una explicación clara sobre a quién se está apuntando, la ansiedad se propaga. El resultado es confusión sobre si estos esfuerzos están dirigidos a criminales violentos, inmigrantes indocumentados o a alguien más. En ese vacío, prosperan los rumores y crece el miedo. Las personas más afectadas tienden a retirarse de la vida pública, dudan en reportar crímenes, buscar ayuda o confiar en las instituciones que se supone deben protegerlas. Si el objetivo es realmente la seguridad pública, la confianza debe ser la base. Esa confianza no puede mantenerse si no hay transparencia sobre operaciones que interrumpen tan visiblemente la vida cotidiana. No basta con asegurarle al público que el uso de agentes enmascarados es un procedimiento habitual. Las autoridades deben reconocer cómo estas acciones están siendo interpretadas y malinterpretadas en el terreno, especialmente por comunidades que históricamente han sido objeto de un escrutinio desproporcionado. Este no es un llamado a reducir la respuesta al crimen. Es un llamado a la claridad. A una comunicación proactiva y multilingüe. A la participación comunitaria antes y no solo después de que ocurran estas operaciones. A un liderazgo que entienda que el miedo, incluso cuando no es intencional, es una consecuencia que no se puede ignorar. Anchorage necesita fuerzas del orden eficaces, colaborativas y por encima de todo confiables. Pero la confianza no se impone. Se gana. Y en momentos como este, comienza con la franqueza. Una posible solución es que las agencias locales construyan alianzas duraderas con líderes de la comunidad latina, grupos de defensa y medios locales confiables. Foros regulares, sesiones informativas bilingües y estrategias de comunicación previas a las operaciones pueden ayudar a cerrar brechas. Cuando las comunidades son incluidas, no solo informadas, los esfuerzos de seguridad se vuelven más efectivos, menos alienantes y mucho más legítimos. |