Las decisiones económicas de Trump perjudican a los latinos y a los pequeños negocios
por alejandra y. castillo comentarista económica
Alaska está viviendo tiempos difíciles. Lo que ocurre en Washington, D.C., no se queda allá: se siente en nuestras mesas, en nuestros comercios locales y en las cuentas de nuestras familias. Las decisiones económicas de la administración Trump, especialmente los cierres del gobierno y los recortes a programas sociales están afectando directamente a comunidades trabajadoras en todo el país, y aquí en Alaska, el impacto es profundo.
El estado, con un alto costo de vida y una economía dependiente tanto del sector público como de los recursos naturales, sufre cuando el gobierno federal se paraliza. Los programas de ayuda alimentaria, como SNAP, que benefician a más de 42 millones de estadounidenses, se han visto interrumpidos por decisiones políticas irresponsables. En Alaska, donde los precios de los alimentos son entre un 30 % y 50 % más altos que en el resto del país, miles de familias, incluyendo muchas latinas, enfrentan la angustia de no saber si podrán alimentar a sus hijos la próxima semana.
A esto se suman los recortes a Medicaid y el aumento de los costos médicos. Para las familias rurales o de bajos ingresos, el acceso a la salud ya era limitado. Ahora, con primas más altas y menos cobertura, muchos se ven obligados a endeudarse o posponer tratamientos. La salud y la estabilidad económica están profundamente conectadas, y cuando una falla, la otra también se resiente.
Pero quizás el golpe más silencioso ha sido al corazón económico de nuestras comunidades: los pequeños negocios. Según el SBA, en Alaska los latinos representan aproximadamente el 7,2 % de los trabajadores, pero solo el 5,0 % de los negocios con dueño hispano. Esto indica que, pese a su participación laboral, los empresarios latinos enfrentan barreras para convertirse en dueños de negocios en mayor magnitud. En general, el perfil de negocios pequeños en Alaska muestra que el 52,3 % del empleo estatal proviene de pequeñas empresas (menos de 500 empleados), por encima del promedio nacional, lo que demuestra su importancia central para la economía del estado.
Estos negocios latinos, desde restaurantes en Anchorage hasta empresas de servicios en comunidades más pequeñas, aportan dinamismo y diversidad a la economía local. Pero muchos dependen de préstamos, contratos federales y programas de asesoría técnica que hoy se ven amenazados o suspendidos. Cuando el gobierno se cierra, las ventanillas de ayuda se cierran también. Esto deja a los empresarios sin acceso al crédito, sin oportunidades de expansión y, en muchos casos, al borde del cierre.
Como hija de un pequeño comerciante, sé que cada día sin ingresos o sin apoyo puede significar perder años de esfuerzo. En Alaska, donde las distancias son largas y los costos operativos altos, esa incertidumbre económica puede ser devastadora.
Nuestros líderes deben entender que necesitamos políticas que protejan a las familias trabajadoras, que impulsen a los emprendedores locales y que fortalezcan nuestra economía en lugar de debilitarla. Alaska merece un gobierno que escuche, que actúe con responsabilidad y que ponga a las personas por delante de la política.
Alejandra Y. Castillo, exsubsecretaria de Desarrollo Económico de los Estados Unidos, ofrece un análisis experto sobre cómo la inflación, las políticas de comercio y los cambios en el mercado laboral están afectando a las pequeñas y medianas empresas cuyos dueños son parte de una minoría y a la economía estadounidense en general.