Maria Elena Ball, “El restaurante México en Alaska era como mi familia”
por georgina arias avila
Maria Elena llegó a Anchorage el verano de 1968. “Tenía 28 años. A los tres meses quedé encantada con la naturaleza de Alaska. Me recordaba a mi pueblo de México”.
Un viaje desde Texas hasta Alaska marcó el destino de Maria Elena Ball con la creación de la taquería México en Alaska, que luego pasaría a convertirse en un restaurante. Tras 54 años de servicio, cerró sus puertas el 19 de septiembre del pasado año y dejó la huella de la cocina casera en los corazones de miles de comensales que disfrutaron la culinaria mexicana.
“El restaurante era como mi familia, los clientes conocían mi vida y yo conocía la de ellos. Si regresaban dos veces al restaurante, ya eran miembros de esa familia”, dijo Ball.
Maria Elena nació en Zitácuaro, Michoacán, México. “Mi papá. Manuel Correa, vino de México y se llevó a mi mamá Minerva, que vivía en Texas, a Michoacán. Allí vivimos hasta que se divorciaron. Luego, mi mamá nos trajo con ella a Estados Unidos. Yo tenía 14 años”, relató.
Ball heredó de su mamá el arte de cocinar la auténtica comida mexicana e imprimió su propio estilo. “Tenía un poquito de todo México. Los platos favoritos en mi restaurante eran el pollo en mole, los chiles rellenos, las carnitas de puerco; además de los tacos especiales de chivo, de lengua, de pollo al pastor y carne asada. En aquel tiempo, los americanos conocían solamente la comida de Texas, California o de Nuevo México. son muy sabrosas, pero no al estilo casero y eso me ayudó a introducir poco a poco nuevos sabores”.
Maria Elena llegó a Anchorage el verano de 1968. “Tenía 28 años. A los tres meses quedé encantada con la naturaleza de Alaska. Me recordaba a mi pueblo de México”.
Ball encontró empleo, pero no quería trabajar para otras personas el resto de su vida. “Mi objetivo era comprar mi casa primero. Luego, me tomó tres trabajos y dos años poder abrir la taquería México en Alaska. La apertura fue en 1972. Era un espacio pequeño en Mountain View Dr. Allí estuve por 11 años. Crecimos como negocio y abrí mi restaurante que se localizaba en Old Seward Hwy, en 1983. Vi a cinco generaciones degustar mi comida”. Cuenta que el restaurante “me permitió hacerme cargo de mi mamá, de mis hermanos, de sus hijos, de todos. La comida que servía no era comercialmente un éxito, pero a mí me dio todo lo que necesitaba”.
Maria Elena se casó con un teniente militar. “Él era de Texas, vino a Alaska y me dijo: “Yo no te voy a sacar de aquí, ¿verdad? No, yo aquí me quedo -respondí”. Y se quedó. Aunque hoy están divorciados. Con el tiempo, Maria Elena tuvo otras alegrías como fue el nacimiento de su hija Teresa J. Ball.
A sus 85 años sostiene que “siempre ha estado feliz en Alaska, con infinitos problemas, que son parte de la vida. Siempre he tenido un ángel humano, que Dios me ha concedido. Tuve mucha ayuda en muchos sentidos y he sido muy afortunada”.
En 2011 perdió a su hija de 37 años. “Ya nunca fue la vida igual para mí”. Su hermana también se estableció en Alaska, se casó y tuvo cuatro hijos. Hoy Maria Elena vive acompañada por su sobrina nieta Adriana y su pequeña hija, Georgia. Aunque tiene los achaques propios de la edad, quiere seguir haciendo algo por los demás como ser voluntaria en el servicio católico o en el hospital de Anchorage.