Mi Casa Es Tu Casa ofrece preparación a niños dentro de un hogar lleno de cariño
por rodrigo sanchez
Cristina Balsimelli.
Hace cinco años, Cristina Balsimelli empezó su negocio de preescolar. En una entrevista con Cristina, descubrimos su recorrido navegando los desafíos de tener un preescolar propio y los frutos de compartir la cultura hispana con la nueva generación de Anchorage, Alaska.
Mientras trabajaba como asistente de maestra, su sueño de tener un preescolar comenzó durante sus estudios para obtener una licenciatura en Ciencias de la Educación en Chihuahua, México. Antes de mudarse a Alaska, trabajó como maestra de kínder y preescolar. Con esa experiencia, cuando se mudó a Alaska hace más de una década pasó dos años como asistente en el programa de Spanish Immersion en Government Hill, además de dar clases de español para niños.
Estos trabajos requerían un cierto nivel de inglés que Cristina logró obtener, pero como muchos inmigrantes ya saben, le costó trabajo poder comunicarse de manera efectiva.
Inicialmente, la visión de Cristina era tener una escuela pequeña enfocada únicamente en español, ya que no se imaginaba establecer su sueño fuera de su país. Con el tiempo, eso cambió al darse cuenta de que muchos padres buscaban una educación que ofreciera la enseñanza de otro idioma. Fue entonces cuando vio una oportunidad y comenzó a investigar los recursos necesarios para iniciar un preescolar: exploró lugares potenciales, buscó edificios pequeños, y se asesoró con la municipalidad de Anchorage sobre la documentación requerida. Sin embargo, tras muchas ideas, Cristina decidió no establecer su negocio en otro lugar, sino enriquecer el aspecto familiar y traer a los niños dentro de su propio hogar.
Aunque tenía muchas dudas sobre si su casa sería un espacio adecuado, todo cambió cuando, como ella misma recuerda, “cuando saqué mi sala, comedor y muebles, dije: ‘esto es un hecho, y con lo que tenga, voy a empezar.’” Al principio, su preescolar comenzó con tan solo tres niños, uno de ellos siendo su nieta, “alguien que tuvo una gran influencia en comenzar mi escuela”, dijo Cristina. Por eso, el nombre del preescolar Mi Casa Es Tu Casa se alinea perfectamente con el carácter familiar del proyecto: ofrecer preparación a los niños dentro de un hogar lleno de cariño.
Para Cristina, la familia es una parte fundamental de su vida, algo que dejó muy claro al explicar los valores y metas de su preescolar. Por esa misma razón, implementa actividades y aprendizajes relacionados con la cultura hispana, y enseña valores a los niños que reflejan la influencia mexicana, especialmente a través de la hospitalidad. Cuando se le preguntó qué distingue a Mi Casa Es Tu Casa de otros preescolares, Cristina enfatizó “la importancia de la calidad educativa” y dijo que tener un grupo pequeño ha permitido que cada niño reciba suficiente atención.
Además, otro aspecto único es que los niños también reciben clases de música. La filosofía del preescolar es tan profunda que incluso su hija Georgina participa cada viernes, presentando distintos instrumentos, desde el violín hasta el ukelele, ya que también es miembro de la única banda de mariachi en Anchorage, Agave Azul. Con esto y mucho amor, Cristina ha creado un negocio que no solo contribuye al futuro de Alaska, sino que también es una forma hermosa de inculcar el idioma, la cultura y los valores hispanos desde una edad temprana.