Nuevo año, nuevos comienzos
¡Feliz Año Nuevo para todos! Estamos oficialmente en el segundo cuarto del siglo XXI. En nuestra cultura latina, existe la tradición de hacer promesas para el nuevo año que comienza. Incluso, existen algunos rituales comunes como: comer 12 uvas, barrer y tener la casa limpia, tirar agua por la ventana, hacer muñecos de trapo que se queman el último día del año para dejar lo malo atrás, y algunos rituales chistosos como usar ropa interior de diferentes colores para atraer salud, dinero y amor. En Colombia, hay en particular una que alguna gente hace y deja atónita a la gente de otras culturas: las personas salen con una maleta vacía a caminar la cuadra en la que viven, para atraer nuevos viajes, aventuras y muchas posibilidades.
En fin, todas estas tradiciones quieren fortalecer la motivación y determinación para tener buenos propósitos para el año que comienza. Y es algo que está muy bien, porque cada día es nuevo y nos brinda la oportunidad para perseguir nuestros sueños. Me he preguntado: ¿Con qué frecuencia cumplimos lo que nos proponemos? Buscando información al respecto, me encontré con una investigación en 1989 que siguió lo que la gente se proponía al inicio del año. Los resultados fueron: “77% mantenían sus resoluciones por una semana, el 55% un mes, y 40% llegaban al medio año. Después de dos años de seguimiento, solo el 19% se mantenía firme” (Daniel Mediavilla, Jan 07, 2025, Elpais.com). Con estas estadísticas, muy bien por el 19%: felicitaciones. Ahora, quiero escribir acerca del 81% de las personas que abandonan sus propuestas. Yo creo que estoy incluido en ese gran porcentaje, porque si cuento todas las resoluciones hechas antes, probablemente ya hubiese ido a la luna. Quiero traer a la reflexión un pasaje bíblico: Mateo 18:21-35, donde el apóstol Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces uno debe perdonar y Jesús le responde: 70 veces 7. Con esto, Jesús nos quiere decir que debemos perdonar siempre que sea posible hacerlo. De tal modo, ese perdón es también necesario que lo apliquemos a nosotros mismos, porque muchas veces podemos sentirnos culpables y fracasados cuando no podemos cumplir las promesas que soñamos que nos harían mejor. Por tanto, el hecho de que a veces nos quedemos cortos en nuestras metas no significa que debamos dejar de soñar y aspirar a nuevos propósitos. Somos seres humanos y muchas veces nos equivocamos y fallamos, aunque nos propongamos no hacerlo. Lo fundamental es no desfallecer, ser amables y perdonarnos cada vez que sea necesario. Como dice la famosa frase de Nelson Mandela: “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”. Finalmente, tengamos la seguridad de que Dios está con nosotros, nos ama, nos cuida y desea lo mejor para que seamos felices e irradiemos luz para los demás. En consecuencia, sigamos intentando de nuevo, así tengamos que hacerlo 70 veces 7, así haya que pausar o redirigir nuestras aspiraciones en medio del camino. Rev. Israel Portilla-Gómez es rector asociado en St. Mary’s Episcopal Church. 2222 E Tudor Rd, Anchorage, AK 99507. [email protected]. (907) 563-3341. Ext. 13. |